viernes, 25 de agosto de 2017

El durmiente del valle (Arthur Rimbaud)

«Par les soirs bleus d’été, j’irai dans les sentiers,
Picoté par les blés, fouler l’herbe menue :
Rêveur, j’en sentirai la fraîcheur à mes pieds.
Je laisserai le vent baigner ma tête nue…»

El durmiente del valle (I)


Un hoyo de verdor, por el que canta un río
enganchando, a lo loco, por la yerba, jirones 
de plata; donde el sol de la montaña altiva 
brilla: una vaguada que crece en musgo y luz.

Un soldado, sin casco y con la boca abierta,  

bañada por el berro fresco y azul su nuca, 
duerme, tendido, bajo las nubes, en la yerba, 
pálido, en su lecho, sobre el que llueve el sol.

Con sus pies entre gladios duerme y sonríe como 

sonríe un niño enfermo; sin duda está soñando: 
Natura, acúnalo con calor: tiene frío.

Su nariz ya no late con el olor del campo;

duerme en el sol; su mano sobre el pecho tranquilo;
con dos boquetes rojos en el lado derecho.

El durmiente del valle (II)

Es un surco de verdura donde canta un río
Prendiendo entre risas jirones de plata
por las yerbas; donde el sol alumbra desde
la altiva montaña: es una vaguada que hierve de fulgor.

Un soldado joven, cabeza desnuda, boca abierta
Y la nuca encharcada entre el fresco berro azul,
Duerme; está tendido sobre la yerba, bajo el cielo,
Pálido en su lecho verde donde llueve la luz.

Duerme con los pies entre gladiolos. Sonriendo
Como haría un niño enfermo, sueña:
¡Mécelo con amor Naturaleza, que tiene frío!

Los aromas ya no estremecen sus sentidos,
Duerme tranquilo al sol, con una mano sobre el pecho.
Dos hoyos rojos se abren en su costado.

(Arthur Rimbaud)

«Såra soldat i snøen», 1880
Helene Schjerfbeck

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